martes, 10 de noviembre de 2009

El fin: segunda parte

En las naves, la gente lloraba, al ver su hogar destruido por completo. No había manera de volver atrás, ahora había que enfocarse en sobrevivir.
La inmensidad del espacio era impresionante, planetas, estrellas, satélites; todo muy hermoso a la vista, pero había una necesidad, que era la búsqueda de un lugar donde vivir.
Las miles de naves se pusieron de acuerdo para no separarse; recorrieron planetas y no había vida en ninguno, hasta que, después de semanas de recorrer, salieron de su sistema solar y empezaron a recorrer otro, nuevo, desconocido.
Después de tanto tiempo la comida empezó a escasear y las personas comenzaron, de a poco, a morir.
Entonces se empezó a priorizar el cuidado de las personas quienes si o si debían sobrevivir; estos eran los científicos, que eran los ojos, brazos y piernas de las naves.
Luego de cuatro semanas de viaje, en el inmenso vacío del espacio, los científicos de las naves llegaron a la conclusión de que a una semana de distancia, se encontraba un planeta que casi con seguridad se podía habitar.
Era un lugar donde había agua, tierra, una atmósfera respirable; muy parecido al viejo hogar.
Mientras los científicos hacían sus investigaciones, los sobrevivientes estaban expectantes y apresurados por llegar.
Una nueva oportunidad de vida estaba al alcance de la mano; y ya solo faltaba una hora para llegar.
El lugar se veía imponente; la tierra verde, mar azul, forma esférica.
De repente, un rayo ilumino todo el espacio y envolvió a las miles de naves, las personas en su interior no podían creer lo que veían, el rayo provenía del que seria su nuevo hogar.
Las naves intentaron comunicarse para advertir que su presencia no era hostil, pero fue imposible; en un abrir y cerra de ojos, el rayo que envolvía las naves, las empezó a destruir una por una. Al cabo de un instante, en el espacio se vio una gran explosión, ya no quedaban rastros de las naves, solo fragmentos de ellas.
Su esperanza había terminado, el sueño de un nuevo hogar se había despedazado; lo único que se supo fue el nombre del planeta al que se dirigían, y ese nombre era "tierra".